LAS CHILLERS Y LOS CHILLONES

La polémica está servida y poca introducción necesita. El aquelarre ocurrido en Molina de Segura el pasado viernes, cuando una horrible bruja decidió quitarse la camiseta y hacer llamamientos a la libertad de la mujer y al sexo libre, no puede quedar sin respuesta. La bruja debe ser quemada, el concejal de festejos, colgado y el ayuntamiento reducido a gravilla para edificar a mayor gloria del señor.

Pero, antes de dictar la sentencia, deberíamos repasar los hechos. En primer lugar, y antes de que nadie me atribuya -que ya lo he visto por ahí- la autoría intelectual de la contratación, aclararé que ni yo, ni la concejalía de Juventud tuvimos nada que ver con lo ocurrido la noche de autos. Tampoco tiene nada que ver el concejal responsable de la contratacion del grupo. La responsabilidad de sus actos y sus palabras corresponde a su autora, sin haber contado con el permiso de ningún hombre. He aquí la primera prueba de culpabilidad de Las Chillers: no pidieron consentimiento a ningún hombre para decir las cosas que dijeron.

En segundo lugar, analicemos sus palabras y el contexto en el que se producen. La primera frase fuera de tono que soltó fue “vamos a follar”. Un exabrupto que nadie ha oído jamás, que nunca se ha pronunciado en televisión y que antes nunca había llegado a los oídos de nuestra casta juventud. Ahora bien, repasemos algunas letras que han pasado por el mismo escenario y que no han causado ningún tipo de alboroto. Dice Carlos Baute, que hace sólo dos años congregó a 8.000 personas en la misma plaza, en su canción Hasta el Infinito “Tu desnudez me la regala el alba / y se quedó anclada aquí en mi alma, / le robaré la luz a la mañana / para encender la dinamita de tu corazón. / Con tu poción embrujas mis sentidos / es mi adicción la puerta a mi delirio, / con tu pasión me cubro si hace frío, / y es que eres tú el detonante de mi erupción”. Si esto no es un “vamos a follar” dicho finamente, que baje dios y lo vea. Pero claro, Baute es un hombre, y un hombre puede tener ganas de sexo. La mujer, su desnudez y su palabra, sabemos que es un objeto pasivo que no puede jamás mostrarse.

Sigamos con el resto del improvisado discurso de la cantante de Las Chillers. Decía que está harta de que a las mujeres les digan que tienen que ser discretas, a lo que respondió quitándose la camiseta. Debería haber intervenido allí in situ la Santa Inquisición para tapar inmediatamente esos pechos. Las masas allí congregadas, fruto del hechizo de la bruja, sólo rieron y aplaudieron, sin que nadie allí pareciese indignarse. Esa es la segunda prueba de que la magia negra estuvo presente en la plaza esa noche. Siguió diciendo que las mujeres pueden cagar, pueden eructar, pueden follar y pueden elegir si se comen una polla, un coño o ambos. Ese llamamiento al sexo libre, al pecado, al homosexualismo y la perversión, escandalizaría a cualquiera y jamás hubiese ocurrido con un gobierno como dios manda. Cosa muy distinta es lo que ocurrió en 2011 con los Mojinos Escozios, grupo conocido por sus letras blancas y decorosas. El Sevilla, como en todos sus conciertos, se presentó sin camiseta, sudado, y mostró una y otra vez sus ganas de mantener relaciones sexuales, con un lenguaje bastante más soez -y machista y homófobo- que lo que ocurrió este fin de semana. Pero El Sevilla, a pesar de lo que su nombre pueda indicar, es un hombre. Vuelven a Molina. Volverá a haber discursos machistas, faltas de respeto homófobas, y la única respuesta serán las risas. Nadie chillará contra los Mojinos. Las tetas del hombre y las de la mujer no son lo mismo. Su deseo sexual, tampoco. Las mujeres han de ser discretas.

Quiero aclarar antes de acabar que, pese a que a mí personalmente no me gustó lo que ocurrió en el escenario (no son mis formas), reconozco plenamente el derecho de un artista a expresarse como mejor considere. La libertad de expresión es sagrada, máxime en el mundo del arte. Ahora bien, me llama mucho la atención que jamás hayamos escuchado a quienes hoy chillan contra las Chillers protestar contra el machismo, la homofobia o las letras de ningún grupo que haya pisado Molina de Segura. Tampoco les veo protestar por la música que se escucha en las radios y en los bares que visitan nuestros jóvenes, o contra los temas que los menores llevan en sus teléfonos móviles. Dudo mucho que si Maluma hubiese pisado Molina, estos mismos chillones estuviesen llamando la atención sobre la perpetuación del heteropatriarcado y la cosificación de la mujer. Y tampoco les he visto quejarse por la falta de presencia de mujeres en los escenarios de la capital regional.

En Molina de Segura hemos preparado unas fiestas en las que hemos tenido un especial cuidado con que haya cierta paridad (salvo en el BSIDE, donde hay que mejorar) en el cartel. Las mujeres, aunque haya quien las quiera con Burka y calladas, seguirán tomando escenarios, seguirán diciendo lo que les dé la gana y utilizando lo que quieran, incluyendo su cuerpo, para protestar contra un sistema opresor, discriminatorio y que tolera diferente la transgresión en función del género de quien la practica.

 

Artículo de opinión de Fernando Miñana, Portavoz del Grupo Municipal

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