La Economía será solidaria si es feminista

Nos creímos eso de que la “igualdad” ya estaba conseguida demasiado rápido, nos vendieron muy bien esos falsos y manidos mensajes. No debíamos preocuparnos, ese trabajo ya estaba hecho, ya podíamos votar, abrir una cuenta bancaria sin el permiso de un hombre o decidir vivir con alguien sin tener que casarte, y ¡voilá! la igualdad llegó.

Y no, no es así, a las pruebas me remito. Veo que no es así cuando me cruzo con alguna trabajadora del sector doméstico, a menudo mujeres extranjeras de entre 30 y 60 años, que en la precariedad laboral que le ofrece el “sueño español”, deciden sin otra alternativa trabajar sin regulación ni protección social. Cuidan enfermos/as y dependientes por una cantidad de dinero que apenas les dará para llegar a final de mes, supongo que con mucha suerte unos 800€.

Cuando veo a esas mujeres paseando ancianos, empujando esas pesadas sillas de ruedas, y pienso que si no estuvieran ellas, estarían prácticamente solos, y es que, ¿cómo puede ser “invisible” el cariño y la dedicación que ofrecen a esas personas solas y ancianas?. Atienden sus necesidades más básicas, de aseo o dándoles de comer a mano. En definitiva, “cuidando”, pero sin embargo a nadie parece importarle, a este sistema capitalista y borracho de poder no, no le importa en absoluto.

Porque para ser alguien tienes que “producir”, es ahí donde te felicitarán, te envidiarán, y serás un ejemplo para muchos y muchas.

Cuando veo a una madre dejar a su niñ@ en la escuela, llevarlo al médico, en las reuniones de la “guarde” cuando sólo somos mamas, ahí vuelvo a darme cuenta que la igualdad no existe.

Recientemente Molina de Segura ha acogido en dos ediciones Las Jornadas de Economía Social y Solidaria organizadas por REAS (Red de economías alternativas y solidarias) y el Ayuntamiento molinense.  En estas Jornadas se ha demostrado cómo hay esperanza ante un modelo de economía feroz, donde el capital se impone al componente humano, al talento y al compromiso, el elemento productivo más importante y que sin embargo, menos se valora.  Se deja atrás en ese camino hacia el éxito financiero, a través de la explotación y sometimiento del proletario o proletaria. Así es, pero quizá ya no lo sea en las próximas décadas,quizá no lo sea si seguimos trabajando tanto empresas sociales como consumidores para plantar cara a las grandes multinacionales y consumir desde la responsabilidad y la sostenibilidad. El modelo de economía que nos han impuesto y siguen haciéndolo los grandes mercenarios del sistema capitalista nos está llevando al abismo. Desastres naturales, explotación ambiental, millones de especies en riesgo, deforestaciones en masa, y por ende, sin ninguna duda, en riesgo también los “derechos humanos”. Los sistemas de producción impuestos atropellan una y otra vez los derechos ambientales y humanos, de eso ya no cabe duda.

En estas Jornadas se mencionó en no pocas ocasiones conceptos como la “sostenibilidad de la vida” , “la economía será solidaria si tiene en cuenta el trabajo de los cuidados” y los “dignifica”, y pensé ¡por fin, alguien se acuerda de nosotras! ¡Alguien da valor e importancia a un trabajo vital para la vida!

Y debo reconocer que me emocionó pensarlo, de mis ojos brotaron lágrimas, pero no fueron lágrimas de debilidad, sino de fuerza y lucha, de luchar por la justicia social, por la Igualdad. Por una cuestión de solidaridad, de sororidad con el resto de mujeres. Mujeres que sufren la desigualdad a diario, desde que el mundo es mundo, en forma de maltrato físico o emocional, maltrato social o institucional. En forma de “techos de cristal”, de invisibilidad absoluta en su trabajo diario, cuidando, sosteniendo la vida. Mientras tanto las mujeres seguimos haciendo ese trabajo “invisible” cada día, ese trabajo que nadie ve, o que prefieren no ver, seguiremos en una especie de ostracismo, en la cuerda floja, en la más absoluta “desigualdad”. Seguiremos estando solas y sin poder participar en las decisiones que nos afectan directamente. Seguirán tomando nuestro espacio hombres encorbatados que viven ajenos a esta realidad.

Apostar por las economías feministas es apostar por el bien común, es proteger el medio ambiente, es el fomento del “cooperativismo”, teniendo presente la sostenibilidad ambiental, la “sostenibilidad de la vida”.

Está claro que hay potencial, en las Jornadas de Reas se demostró, las numerosas asociaciones, cooperativas y empresas que basan su modelo productivo en estos valores. Valores que aportan otra mirada en su modelo de producción, desde la innovación y la capacidad de adaptación a nuevas formas de vida. Modelos de producción que dan valor al capital humano y respetan los recursos. Fiare, La Solar, el Borrico, La luciérnaga, la Brújula, éstas sólo son algunas, y nos han demostrado que otro mundo es posible!.

 

Escrito por nuestra compañera Mª Belén Fernández Palazón, Secretaria de Feminismos, Derechos Sociales y LGTBI de Podemos Molina de Segura.

 

 

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